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Archive for October, 2014

No somos multitarea: no podemos hacer varias cosas a la vez

No somos multitarea: no podemos hacer varias cosas a la vez¿Crees que por hacer varias cosas a la vez aprovechas mejor el tiempo? Craso error: la calidad del trabajo desciende drásticamente y te agotas. El cerebro humano sólo puede desempeñar en óptimas condiciones una sola tarea a la vez, lo que sucedes es que es tan rápido cambiando de tareas que nos engaña pensando que atiende varias de forma simultánea.

Es tentador ¿verdad? Abrir el programa de correo, veinte pestañas del navegador, echar un ojo a Twitter y otro a Facebook, y todo esto mientras mantenemos una larga conversación telefónica. Nos sentimos grandes y poderosos al creer que podemos hacer varias cosas al mismo tiempo, pero hoy te vamos a contar un secreto que va a hacer que desinfles tus ínfulas: no eres multitarea. Y de hecho, no sólo no estás preparado par atender varias cosas al mismo tiempo, sino que el resultado del trabajo repartido es muy inferior.

Recuerdo que en una ocasión, por motivos laborales, visité una planta productiva en la que me habían citado con su responsable. En lugar de conducirme a una sala de espera, me acompañaron directamente a la nave, y no olvidaré fácilmente la escena: el responsable daba órdenes a voz en grito mientras hablaba con alguien con un teléfono inalámbrico, y en la otra oreja, tenía acoplado el smartphone, a cuyo interlocutor atendía entre voz y voz. Por si todo esto fuera poco, estaba rodeado de un grupo de empleados con varios documentos a la espera de firma que iba rubricando sin terminar ambas conversaciones. Al concluir se dirigió a mí: “¿Has visto qué capacidad de trabajo?”

Los estudios neurológicos han demostrado que el cerebro es capaz de desempeñar con atención una única tarea
Y bien, era cierto que estaba atendiendo varios asuntos a la vez, pero después cabría preguntar por la calidad del resultado. Precisamente, ayer tratamos de refilón este asunto cuando nos referíamos a la celeridad con que en muchas ocasiones respondemos a los emails, y en esta rápida respuesta perdíamos una ocasión de oro por ofrecer un contenido de calidad. En el caso de los correos la furia o los sentimientos nos hacían actuar deprisa, pero todo el mundo sabe que cuando se hace algo con atención, cariño y con todo el foco en lo que se está desempeñando, el trabajo es de primera.

No es multitarea: es cambio de tarea

Pero como quiera que nuestro cerebro está diseñado para ser rápido, nos engaña creyendo que somos multitask, y llega la ciencia para echar esta teoría por tierra. Los estudios neurológicos han demostrado que el cerebro es capaz de desempeñar con atención una única tarea, pero como ces rápido en los cambios, parece que sigue desempeñando la primera cuando inicia una segunda, cuando en realidad no es así.

PsychologyToday incluso propone un sencillo ejemplo que demuestra este extremo. ¿En qué casos queda patente esta limitación humana? posiblemente el más evidente y trágico sea el de los accidentes de tráfico provocados por despistes: un cambio de emisora de radio o una conversación con el manos libres, anulan parcialmente la atención al volante en unos pocos segundos que pueden resultar fatales.

Writing In Notebook On Laptop

Y si aplicamos este hecho al ámbito laboral sucede exactamente lo mismo. Cuando nos centramos en una tarea en concreto con todos nuestros sentidos ¿sabes qué sucede? Que no sólo la concluimos con unos resultados óptimos medidos en términos de calidad, sino que además, atentos a este dato, la concluimos mucho antes que si la interrumpimos con llamadas, vistazos al ordenador o revisar el WhatsApp.

Esto va por el gerente de planta que antes hemos puesto como ejemplo y que sin saberlo, no sólo ofrece una pobre calidad en su trabajo, sino que además está dilapidando horas en su jornada. Por eso es tan importante concentrarse bien en una sola tarea.

Los que hayan indagado un poco en métodos de productividad conocerán la técnica de Pomodoro, que propone precisamente esto: dividir el trabajo en pequeñas parcelas y dedicar un tiempo limitado (en concreto, 25 minutos) a trabajar a plena concentración en esta tarea. Transcurrido este tiempo, un pequeño descanso y vuelta a empezar.

¿Qué se logra? No solo desmoralizarse ante la magnitud de grandes proyectos (ahora se subdividen en pequeñas tareas), sino sobre todo trabajar con el 100% de los sentidos en lo que estemos haciendo, y encima, a contrarreloj. Y no sólo eso: nuestra presunta ‘multitarea’ nos agota, porque obliga al cerebro a un mayor desgaste al saltar de tarea en tarea, llegando a confundirse al final del día.

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Who are the 20th Century’s 10 best composers?

Last week I had the pleasure of interviewing Philip Glass on the eve of the world premiere of his new opera The Trial, based on Kafka’s masterpiece. Researching for the discussion I was struck by the number of critics who describe Glass as one of the most influential composers of the 20th Century. It got me thinking about who my top 10 composers of the era would be. From modernism to minimalism, the previous century yielded musical riches beyond our wildest imaginings. War, race, sex and politics shaped the soundtrack – and much of the music of 1900-2000 is as fascinating as the historical and cultural context from which it emerged.

Any such list must be an exercise in subjectivity, of course: my omissions will no doubt outrage some. What about Elgar and Sibelius, Bartók and Janáček? Vaughan Williams? Or John Williams? Ravel? Xenakis? How could I leave out the post-modern giants Peter Maxwell Davies and Harrison Birtwistle? To say nothing of Olivier Messiaen, Karlheinz Stockhausen, Ligeti, Berio, Lutosławski, Steve Reich? And how about John Adams, Elliot Carter? Well, sure. All of the above composers, and so many others, have bequeathed us masterpieces that have moved us, astonished us, baffled us, made us think, made us cry, made our hearts soar. After much soul-searching, these are simply the 10 geniuses who, for me, have done so the most.

Arnold Schoenberg (1874-1951)

(The Art Archive/Alamy)
(The Art Archive/Alamy)

“It would be inconceivable,” said Schoenberg, “to attack the heroes who make daring flights over the ocean or to the North Pole, for their achievement is obvious to everyone. But although experience has shown that many a pioneer trod his path [with] absolute certainty at a time when he was still held to be wandering half-demented, most people invariably turn against those who strike out into unknown regions of the spirit… New music is never beautiful on first acquaintance.” Often forced onto the defensive like this, Schoenberg plunged fearlessly – and often beautifully – into the unknown, shattering the seemingly unbreakable rules of Western tonality that had prevailed for centuries. In reimagining harmony in so-called ‘tone rows’ he altered the course of classical music forever.

Igor Stravinsky (1882-1971)

(Erich Auerbach/Getty Images)
(Erich Auerbach/Getty Images)

His breakthrough work was The Firebird, produced in 1900 by Diaghilev’s Les Ballets Russes; thirteen years later, a full-scale riot legendarily broke out at the premiere of The Rite of Spring, his ballet of pagan sacrifice (which historian Barbara Tuchman aptly describes as “the 20th Century incarnate”). The New Yorker’s music critic Alex Ross masterfully captures the work’s ominous energy, it raw, spooky power and explains how this is achieved both harmonically and rhythmically. “You have these two chords slammed together,” Ross explains. “These are two adjacent chords. They’re dissonant. They’re being jammed together. And that’s a harsh sound, and he keeps insisting on it. That chord repeats and repeats and repeats, pounding away.” Rhythmically, Ross says, “It seems as though at first he’s just going to have this regular pulse. But then these accents start landing in unexpected places, and you can’t quite get the pattern of it…It’s as if you’re in a boxing ring, and this sort of brilliant fighter is coming at you from all directions with these jabs.”

Stravinsky’s brilliance had a seismic impact on the rest of the century – not only on classical music, but on jazz, rock, modernist literature, painting, and even movies. Without Stravinsky, as Ross points out, where would the dinosaurs of Walt Disney’s Fantasia be? Thank goodness we need never find out.

George Gershwin (1898-1937)

(enato Toppo/Getty Images)
(enato Toppo/Getty Images)

Gerschwin was jazz-age prophet whose Rhapsody in Blue (1924) destabilised aesthetic categories and gave listeners a taste of things to come, and whose controversial 1935 opera Porgy & Bess came to define an epoch. But Gershwin was caught in the cross-fire between “those who see mass culture as the most valid expression of our time, and those who see it as the end of Western civilization”, as Gershwin scholar David Schiff puts it. Many of his fellow composers, including the likes of Aaron Copland, were scathing of Gershwin’s populism. But an enthusiastic public, deaf to such finicky debate, has lovingly listened on, through booms and busts, wars and peace; to say nothing of countless shifts in taste and fashion.

Duke Ellington (1899-1974)

(Keystone/Getty Images)
(Keystone/Getty Images)

Ellington was the most prolific composer of the century. A spectacular innovator, he wrote music for all kinds of settings, from the ballroom to the nightclub; the comedy stage to the movie house; the concert hall to the cathedral. The essence of his genius lay in his uncanny knack of synthesizing apparently disparate elements of music, including ragtime, minstrel songs, the blues, and the sounds of everything from Tin Pan Alley to the European music tradition. Always directly expressive and deceptively simple, his blues writing exploded received notions of form, harmony, and melody; he broke our hearts with the ultimate romantic ballads; he provided vehicle after vehicle for the greatest jazz singers of the age; and, of course, he made us all swing.

Dmitri Shostakovich (1906-1975)

(Erich Auerbach/Getty Images)
(Erich Auerbach/Getty Images)

Persecuted by Stalin and declared an ‘enemy of the people’ in 1936, having previously been the golden boy of the Soviet music scene, Shostakovich is a figure who has gripped the public imagination as much for political as musical reasons. Forced to keep the authorities happy with his symphonic writing – at least until Stalin’s death – it was in his smaller works, such as the fifteen astonishing string quartets, that he could really push the limits of his musical voice and conjure a complete emotional world. Alex Ross, once again, is en exemplary field guide when it comes to exploring the psychological limits” of his music. “Shostakovich is a master manipulator of mood,” he writes. “He can show panicky happiness slipping into inchoate rage, and then crumbling into lethargic despair.”

John Cage (1912-1992)

(Erich Auerbach/Getty Images)
(Erich Auerbach/Getty Images)

Cage, according to his fellow avant-garde composer Morton Feldman, was the first composer in the history of music “who raised the question by implication that maybe music could be an art form rather than a music form.” Recalling the premiere of his legendary work of ‘silence’, 4’33”, Cage said: “There’s no such thing as silence. You could hear the wind stirring outside during the first movement. During the second, raindrops began pattering the roof, and during the third people themselves made all kinds of interesting sounds as they talked or walked out.” Cage had an inspiring and insatiable appetite for cultural adventure: he implored us to wake up to the life we are living. “Art is a sort of experimental station,” he said, “in which one tries out living.”

Benjamin Britten (1913-1976)

(Erich Auerbach/Getty Images)
(Erich Auerbach/Getty Images)

Musically speaking, Britten was more conservative than many of the other titans of the century, but his influence and vision is inestimable, particularly in the field of opera. The landmark Peter Grimes (1945) radically placed an unlovable anti-hero at its centre, and is a musically breathtaking voyage to the darkest nooks of both individual and group psychology. Britten’s conviction that opera needed to reach parts of the country beyond fancy metropolitan theatres led to the emergence of chamber or ‘pocket’ opera, which continues to transform an often lumbering art form into something nimble, dynamic and thrilling to this day. His compositional philosophy, says leading tenor Ian Bostridge, was “resolutely workaday and practical, concerned with usefulness to the community”. We owe him much.

Leonard Bernstein (1918-1990)

(Evening Standard/Getty Images)
(Evening Standard/Getty Images)

Bernstein was a populist: he unapologetically and urgently wanted to share the music he loved. And as a composer, conductor, broadcaster, writer and educator, he sought to make it accessible to as wide a public as possible. He grew up hearing everything, making no distinction between ‘high’ and ‘low’ art, and an utter lack of pretension is evident in his music, among which works such as West Side Story, Candide and the Chichester Psalms must rank as among the finest in the entire century. One of Bernstein’s proteges, the American conductor Michael Tilson Thomas, says many of his “perfect and iconic” songs “stake out a territory that we recognize as important to our inner lives.” Speaking to the Washington Post he described Bernstein’s as “music that haunts all of us. Talk about building large structures – it’s woven into the structure of your entire life.” Lenny also created the model, says Tilson Thomas, “for the socially responsible, inclusive, generous maestro, as opposed to the remote, preoccupied, professorial… He wasn’t the kind of high-priest conductor, or professor conductor, or inspector-general conductor, or reign of terror conductor. He was like, ‘Hey, we’re all in this together; let’s explore together.’”

Pierre Boulez (born 1925)

(Erich Auerbach/Getty Images)
(Erich Auerbach/Getty Images)

The French firebrand composer defines the idea of what music today is, how it should sound, and how it could yet be. He is in his mid-80s, still unerringly gracious and dignified in person, and shows no sign of slowing down. He can still be seen regularly conducting from the podium, he is ferocious in his commitment to educating younger artists– and he still continually pushes boundaries in his own music. A living legend.

Philip Glass (born 1937)

(Moviestore collection Ltd/Alamy)
(Moviestore collection Ltd/Alamy)

The most imitated composer in the world is also one of the smartest and most ominovorously curious. A supposedly ‘minimalist’ composer, his decidedly maximalist output has seen him compose something like 30 operas; 10 symphonies; chamber music; concertos for violin, piano, timpani and saxophones; and many award-winning film soundtracks including The Hours, The Thin Blue Line and The Truman Show. Glass has collaborated with everyone from Paul Simon to Yo-Yo Ma, Woody Allen to David Bowie and his music appeals to listeners of all generations and backgrounds; genuinely bridging a gap between musical worlds which can often seem disconnected.


4 libros de ciencia ficción y uno de fantasía para explotar tu mente

4 libros de ciencia ficción y uno de fantasía para explotar tu menteContinuamos con nuestras recomendaciones del género sobre libros de ciencia ficción, esta vez con un bonus track de fantasía. Tanto si estás empezando, como si eres aficionado, no deberías perderte estas grandes obras.

Al principio me gustaba mucho la novela histórica; encontraba fascinante descubrir los eventos del pasado desde otro punto de vista más entretenido que el nos muestran en el colegio. Por ejemplo,La maldición de Copérnico, de Philipp Vandenberg, consiguió que ame la física. Era la asignatura que mejores notas conseguía, prácticamente gracias a ese libro. Pero hay algo en la ciencia ficción que no encuentras en otros géneros. Hay un ejercicio de imaginación superior.

Este tipo de historias llevan al ser humano al límite, tanto físico como psicológico. Los dilemas éticos se suceden uno tras otro, y requiere que nos enfrentemos a problemas para los que nunca nos han preparado. Olvida el tópico de los aliens que intentan destruir nuestro planeta. Es el ser humano topándose con lo desconocido, improvisando, equivocándose, aprendiendo. Por supuesto, también hay amor, odio, amistad, orgullo, ambición, pero mezclado y aderezado con los ingredientes de lo imposible hecho posible. De forma que parezca real, que nos lo creamos.

Y como la mejor ciencia ficción siempre estará en los libros, allá vamos con la continuación de nuestras recomendaciones del género, esta vez con un bonus track de fantasía.

De la Tierra a la Luna, de Julio Verne

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Si me dices ciencia ficción, lo primero que se me pasa por la cabeza es Isaac Asimov; es uno de los pilares del género, ahí estamos todos de acuerdo, ¿no? Pero si no fuera por Julio Verne, quizá no hubiéramos podido disfrutar de obras como Yo, Robot. Publicado en 1865, De la Tierra a Luna es un minucioso estudio para llevar al hombre a nuestro satélite, en el que no faltan ni el humor ni el esfuerzo científico de investigación por parte de Verne. Además, el autor francés no escatimó en bromas hacia el pueblo yanqui, especialmente en todo lo relacionado a su amor por las armas.

De la Tierra a la Luna arranca con el presidente del club de armas que, al haber terminado la Guerra Civil Estadounidense, sin más que hacer, y siendo experto en balística, emprende una aventura para fabricar un proyectil que envíe al hombre a la Luna. La obra es de lo más entretenida, y no solo sigue siéndolo, si no que se revaloriza con el tiempo. En este caso es como el vino, que va mejorando con los años. Encuentro sus capítulos hilarantes a la vez que visionarios, no sólo por el humor que impregna la novela, sino por lo ridículo que llegan a ser algunas situaciones con el conocimiento que tenemos hoy en día. Muy recomendable tanto para fans como para haters del género.

Crónicas Marcianas, de Ray Bradbury

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Siendo un compendio de cuentos con una línea argumental común, publicados en revistas en la década de 1940, el libro llegaría con estos y otros cuentos exclusivos en 1950. Trata sobre cómo el hombre llega a Marte, la colonización del planeta, el descubrimiento de los marcianos, y los sucesivos viajes del ser humano al planeta rojo. Otro que se queda anticuado en cuanto a conceptos tecnológicos, Bradbury quiso hacer hincapié en el hombre, su miseria, el racismo, el miedo, el amor. Son temas de los que no puede escapar, aún yéndose a otro planeta, incluso acentuándose. El autor, que nos dejó hace poco, es aquí experto en crear atmósferas, a través de páginas muy fáciles de leer, y de expediciones donde siempre ocurre algún suceso inesperado.

Es una obra muy poética, onírica por momentos, donde tampoco faltan tintes de sátira, incluso de humor negro. Una visión pesimista del futuro, sobre hombres que se encuentran y no son capaces de comunicarse más que con violencia, llegando a ser deliciosamente tortuoso por momentos. Y es que era el reflejo del ambiente que se vivía en la época; la paranoia sobre la salud, la falta de respeto a la cultura y a la naturaleza, etc. El egoísmo y la vanidad del ser humano, el miedo de que la Tierra desaparezca por las guerras en las que se ve envuelta y por la tecnología nuclear.

Mundo Anillo, Larry Niven

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Nos vamos 20 años en el futuro, de 1950 a 1970, cuando Larry Niven publica Mundo Anillo. Se nota el salto en el conocimiento de las ciencias; el género madura, se hace adulto, se hace complejo. Se apoya más en hechos probados, en artículos publicados en revistas científicas, más que en poesía o en sueños propios de la sociedad o de la infancia de cada autor. No en vano, el libro se basa en la teoría de la Esfera Dyson, aunque con algunos errores (como más tarde apuntarían expertos).

Esta es una de las pocas, junto a Cita con Rama, que gana los tres grandes premios (Hugo, Locus, Nebula). La obra que encumbró a Niven y facilitó la transición a una nueva ola de la ciencia ficción,presenta un concepto no muy habitual en el que humanos y alienígenas trabajan juntos. Su misión es investigar el Mundo Anillo, una estructura imposible para nuestras referencias. Averiguar quién o cómo se ha creado, y si hay civilización en él. El problema es que la nave se destruye al aterrizar y deben encontrar la forma de salir de ahí.

Cita con Rama, de Arthur C. Clark

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Lo cierto es que se parece bastante a Mundo Anillo en cuanto a la estructura del trabajo literario. En ambos, un grupo de especialistas llegan a un mundo, o en este caso, ¿nave?, de dimensiones descomunales para descubrir cómo ha podido llegar esto al universo. A partir de ahí, el suspense, la curiosidad por saber qué encontrarán a cada paso que dan en esas tierras jamás vistas por el hombre.

Rama se basa en el concepto del Cilindro O’Neill, una especie de hábitat espacial que viaja por el cosmos. Los que hayan leído los cuentos Universo y su continuación Sentido Común, de Robert A. Heinlein, les sonará este tema. Así, por momentos la historia parece girar más en torno a conceptos teóricos, como un pretexto para poner a prueba esas teorías en otros escenarios imposible. Otro de estos conceptos son los de velocidad terminal, o el efecto coriolis, por poner algunos ejemplos. Sin embargo, Arthur C. Clark se las arregla para hilvanar todo este conocimiento en una historia alucinante y atractiva.

Como comentaba arriba, gana no solo los premios Hugo, Locus y Nebula, sino también el John W. Campbell Memorial. Bien merecidos galardones para una novela que engancha desde la primera página como pocos. Te advierto que no podrás soltarlo hasta el final.

El color de la Magia, de Terry Pratchett

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Hablar del hombre del sombrero es fácil. Terry Pratchett es simplemente un genio del humor, del absurdo, de la fantasía, y de la mezcla explosiva de esas tres. El autor ha creado en este libro un mundo plano, Mundodisco, donde sucede lo imposible, o quizá no tan imposible, pues todo es una sátira sobre nuestro mundo, nuestras religiones, política, nuestra forma de vivir, visto a través de los ojos de Pratchett. El humor quizá no sea para el gusto de todos, pero te aseguro que deberías darle una oportunidad. De esta forma,El color de la Magia empieza con Rincewind, un mago de pacotilla que conoce a Dosflores, el primer turista de Mundodisco. Su misión será la de guiarle a través de la asquerosa ciudad Ankh-Morpork, la más grande y corrupta del mundo. De hecho, como podemos leer más adelante en Pirómides, séptimo libro de la saga:

“No había muchas cosas que pudieran hacer de Morpork un lugar peor. El impacto directo de un meteorito, por ejemplo, se consideraría como una desinfección”

No es la primera vez que recomendamos al autor británico, ni será la última, pues no nos cansamos de leer su humor y sus aventuras. Sus grandes personajes, que van evolucionando en mini sagas dentro de la gran saga de Mundodisco. Este primer libro pertenece a la saga de Rincewind, pero luego hay otras, como la saga de las brujas, o la de la Muerte. Si debo quedarme con un personaje sería quizá este, cuya particularidad es que SIEMPRE HABLA EN MAYÚSCULAS. Y dice las cosas claras.


ASCII, la historia de un código

  ALT1040 by Santiago Campillo
ASCII, la historia de un códigoYa que estás aquí prestando atención te habrás dado cuenta de que es gracias al ASCII. Ah, ¿no lo sabías? Bien, porque vamos a contarte la historia y muchas de las curiosidades de una herramienta que todos usamos varias veces a lo largo del día.

Si estás leyendo esto es, entre otras muchas cosas, gracias a la existencia del código ASCII. Este sistema no es otra cosa que una manera de codificar caracteres, letras y símbolos, que puedes entender. Pero no es solo algo imprescindible para el mundo moderno, el código ASCII tiene además una larga historia y cuenta con muchas curiosidades. Hoy os lo contamos.

Como seguramente sabrás, el ordenador (móvil o tablet, que para el caso es lo mismo) emplea el binario para poder trabajar con toda la información que tienes delante: desde el color hasta este mismo texto, sus efectos y cualquier cosa que surja desde el aparato. Este lenguaje es entendible por todos sus circuitos y es un sistema con unos y ceros que tiene que ser “traducido” para que podamos entenderlo los usuarios. En el caso de los caracteres esta herramienta de traducción no es otra que el código ASCII. Podemos usar el lenguaje binario para escribir cualquier cosa si sabemos como codificarlo y puede ser adaptado a cualquier idioma del mundo.

La historia del ASCII

Una de las cosas más curiosas del código ASCII, o American Standard Code for Information Interchange, es su origen. Esta herramienta usada por casi todos los ordenadores del mundo actualmente, tiene sus raíces en la segunda guerra mundial. Allá por 1945 la telegrafía necesitaba de un código estándar para transmitir la información. La compañía Bell desarrolló su propio sistema para poder transmitir mensajes de una manera standard a través del telégrafo. Y menos de veinte años después, en 1963, el Comité Estadounidense de Estándares constituyó el código ASCII oficialmente. En un primer momento solo incluíaEl código ASCII tiene sus raíces allá por la segunda guerra mundialletras mayúsculas y números; cuatro años más tarde se añadieron las letras minúsculas y algunos caracteres más, formando lo que conocemos como US-ASCII.

En su momento Bell pensó en emplear un código de 6 “bits” es decir, una combinación de 6 ceros y unos (parecida a esta: 001001) derivado de lo que se conocía como Fieldata que a su vez procede de un código más antiguo desarrollado por Baudot. Junto a Baudot, Bell se unió a la Agencia Americana de Estándares (o ASA) y juntos desarrollaron el actual código ASCII. A diferencia del viejo código morse, el nuevo y flamante código de Bell y la ASA era mucho más ordenado, constante y eficiente. Aunque de primeras pudiera parecer menos intuitivo, el código morse tampoco lo era. Desde su publicación, en 1963, el código ASCII ha sido revisado varias veces a lo largo de su vida, añadiendo caracteres y combinaciones de dígitos. En 1967 se incluyeron las letras minúsculas, por ejemplo y la última revisión se hizo en 1986.

Haciendo funcionar el código

El tiempo ha confirmado el gran éxito del código ASCII, como podemos ver en casi todos los ordenadores del mundo. Pero, ¿cómo pasa un lenguaje telegráfico a un ordenador? La verdad es que es un paso natural por una razón obvia. La telegrafía consiste al fin y al cabo en un lenguaje binario (señal y silencio) por lo que adaptarlo al lenguaje “maquina” era algo muy sencillo. Y también muy práctico ya que traducir del binario a un texto legible por un ser humano es una necesidad que solo requiere de un paso simple para cualquier máquina gracias al ASCII.

ASCII

Actualmente, el código ASCII funciona con 7 bits (hace un tiempo lo hacía con 8) formando combinaciones que se traducen en 128 códigos. Estos se convierten en los caracteres que podemos leer y otros códigos llamados “de control”. En la imagen anterior podemos ver la carta de códigos US-ASCII presentada en 1968. Los primeros caracteres ASCII tienen como finalidad dar una serie de instrucciones al procesador de texto mientras que el resto de caracteres son los que se pueden imprimir y por tanto también se pueden plasmara en pantalla. Como éste texto. El ordenador solo ha de coger la combinación de cifras y plasmarlo. De hecho, cualquier persona con la tabla de arriba sería capaz de descifrar cualquier texto que llegase a sus manos en binario si este estuviese plasmado en ASCII.

Algunas curiosidades sobre el código ASCII

Para ser un código sencillo de interpretar, el ASCII cuenta con numerosas curiosidades. Se le ha sacado tanto partido que hay gente auténticamente fan de este código y gracias a lo práctico que resulta su uso no han hecho más que crecer y desarrollar nuevas formas de entenderlo.

El primer porno que apareció en la red, fue en ASCII

Mucho antes que el ASCII o incluso que la comunicación entre primates existía el sexo. Por eso cuando apareció el código ASCII a alguien se le ocurrió la brillante idea de tratar de plasmar su deseo sexual en imágenes computerizadas. A través del código, por supuesto. Según dicen las malas lenguas éste fue el primer tipo de porno (también conocido como pr0n) que apareció en internet y constaba de imágenes echas por caracteres donde se podían apreciar cosas… interesantes.

El código ASCII arrastra 32 caracteres obsoletos

Efectivamente, como hemos explicado antes, de los 128 caracteres, los 32 primeros son sin embargo “de control” y son empleados por dispositivos, como las impresoras o procesadores, para controlar el texto. Desde crear líneas nuevas hasta borrar un carácter, estos códigos no son imprimibles y aunque ya están obsoletos todavía funcionan normalmente.

Los números del 0 al 9 tienen siempre una parte prefijada

Esto quiere decir que su código vine siempre prefijado con 0011, que indica que estamos hablando de un número del 0 al 9, seguido del código variable. Por ejemplo 0011 0000 sería el 0 mientras que 0011 0101 equivaldría al 5 y 0011 1001 al 9.

Hay un cinturón de Asteroides nombrado en su honor

De hecho, su nombre es 3568 ASCII, y es un cinturón descubierto por Marguerite Laugier en 1936. Pero su nombre no fue dado hasta su re-descubrimiento por parte de Syuichi Nakano ya en el 2003.

El código ASCII está ordenado alfabéticamente

Por supuesto, esta es una de las características más cómodas del código. Empezando por el espacio (0010 0000) y seguido de caracteres matemáticos y de expresión, continua con los números para llegar a las letras mayúsculas y terminar con las minúsculas. Entre medias podemos encontrar algunos símbolos matemáticos más y el último signo del ASCII equivale a eliminar.

Existe una corriente artística basada en ASCII

Aunque no es tan extendida, la corriente de arte ASCII tiene incluso subculturas dentro de sí misma. Hubo un tiempo en el que incluso existieron concursos de arte ASCII. Actualmente se considera una modalidad minoritaria propia de algunos amantes de las tecnologías quienes incluso la han comparado con el puntillismo. Hoy día se puede convertir fácilmente cualquier imagen a caracteres ASCII.

ASCII Art

Las letras minúsculas y mayúsculas sólo difieren en un bit

De manera que se puede realizar la conversión de un grupo a otro con solo un cambio sencillo. Por ejemplo, mientras que A es 0100 0001, a es 0110 0001. Igualmente, M es 0100 1101 y 0110 1101 etc.

Existen variaciones e imitaciones innumerables

Debido al sesgo que provocaba tener un código “universal” inglés, lo primero que hicieron otras compañías fue diseñar variantes y extensiones de este código. Actualmente muchas solo contienen ligeras variaciones pero existen miles de adaptaciones y añadidos. En ocasiones los usuarios confundimos el código ASCII con otros similares que se salen del código original.

El acento circunflejo es en realidad una flecha

El ASCII publicado en 1963 tenía una flecha apuntando hacia arriba (↑) en lugar del acento circunflejo (^) actual y una flecha apuntando hacia la izquierda en lugar del guión bajo (_). Se modificaron en versiones posteriores por comodidad y para evitar confusiones.

El código ASCII original sigue siendo el más popular

Junto al ISO-8859-1, que apareció como una extensión de éste, ASCII sigue contándose entre el código más utilizado en todo el mundo a pesar de las numerosas variaciones y modificaciones que ha sufrido.

Probablemente ya tiene fecha de caducidad

Como todo lenguaje y código vivo, probablemente muera y caiga en el olvido. Su sustituto sea posiblemente el Unicode y el Conjunto de Caracteres Universal (UCS), los cuales definen un conjunto de caracteres mucho mayor y ya han empezado a reemplazar ISO 8859 y ASCII rápidamente en muchos entornos (aunque siguen imitando los 128 primeros caracteres de ASCII).

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