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Esta nave no la aparcas en mi estación espacial

Menuda se ha montado con las recientes declaraciones de Alexéi Krasnov, director de la sección para vuelos espaciales tripulados de la agencia espacial rusa Roskosmos. Hace unos días, Krasnov tuvo la osadía de afirmar que las nuevas naves comerciales norteamericanas Dragon y Cygnus no recibirán la autorización por parte de Rusia para acoplarse a la estación espacial internacional (ISS) a no ser que demuestren primero que son vehículos seguros y fiables.


Alexéi Krasnov (Roskosmos). 

Como era de esperar, inmediatamente surgieron todo tipo de críticas en los medios de comunicación de Estados Unidos, así como en algún que otro europeo. Y la mayoría de ellas completamente fuera de lugar. Dejando a un lado las rancias afirmaciones sin ningún fundamento que equiparan a Rusia con la antigua URSS (como si la Rusia actual tuviese algo en contra de la iniciativa privada), lo cierto que esta lluvia de críticas permite medir el pulso al estado de las relaciones espaciales entre los dos países de cara a la opinión pública. Y lamentablemente no parecen que estén pasando por un buen momento.

Muchos estadounidenses consideran que su país no debe dar ninguna explicación a Rusia sobre qué naves decide autorizar a acoplarse en la ISS. Al fin y al cabo, tanto la Dragon de SpaceX como la cápsula Cygnus de Orbital se unirán al segmento norteamericano de la estación, por lo que Rusia no debería tener ni voz ni voto en estas misiones. Semejante planteamiento no sólo es una enorme descortesía hacia el principal socio de los EEUU en el programa de la ISS, sino que además es erróneo. La ISS está dividida en dos segmentos claramente diferenciados -ruso y norteamericano-, pero evidentemente todos los participantes deberían poder opinar sobre las operaciones conjuntas de la estación. No en vano, la agencia espacial japonesa JAXA contactó con Roskosmos durante la fase de planificación de las misiones del carguero HTV, pese a que esta nave se acopla también en el segmento estadounidense.


Cápsula Dragon de SpaceX (SpaceX). 


Cápsula Cygnus de Orbital (Orbital).

Otras voces dentro de los EEUU interpretan las declaraciones de Krasnov como un intento a la desesperada por parte de Rusia para mantener su monopolio de vuelos tripulados una vez que el transbordador espacial sea retirado este año. Recordemos que la NASA paga a Roskosmos 62 millones de dólares por cada asiento de un astronauta norteamericano a bordo de la Soyuz, así que podríamos entender que Rusia quiera obstaculizar el desarrollo de las flamantes naves comerciales. En realidad, esto es otra soberana tontería, puesto que tanto la Cygnus como la Dragon no son naves tripuladas. Es más que posible que la Dragon se convierta con el tiempo en un vehículo capaz de transportar astronautas hasta la ISS, pero todavía quedan unos años para que este escenario se haga realidad.

Lo cierto es que todas estas críticas revelan una profunda incapacidad por parte de algunos medios estadounidenses para reconocer que su país pueda equivocarse en algo. Lo que no es nada nuevo, por supuesto: siempre es mucho más fácil echarle la culpa a otro de tus errores. Ha sido el gobierno de los EEUU, no el de Rusia, el que ha decidido retirar los transbordadores espaciales sin tener una nave tripulada más o menos lista para sustituirlos. La situación actual en la que se encuentra la NASA es responsabilidad única y exclusiva de los políticos norteamericanos. Ellos se lo han buscado. Si Rusia podrá gozar en breve de una posición de monopolio en los viajes espaciales tripulados es porque la NASA no ha hecho sus deberes en estos últimos años. Así de simple, así de duro.

Pero hay más. Hay gente que todavía no parece darse cuenta de que la dependencia de Rusia por parte de la NASA no es algo nuevo y se remonta a los orígenes de la ISS. Sin la contribución rusa -principalmente en forma de naves Soyuz y Progress- la estación debería ser abandonada inmediatamente. No olvidemos que las naves Soyuz no son simples transportes de tripulaciones, sino que además actúan como vehículos de emergencia al estar acoplados permanentemente a la ISS. Tampoco olvidemos que sólo el segmento ruso tiene capacidad para elevar la órbita de la estación regularmente -lo que resulta vital para evitar que se queme en la atmósfera- sin necesidad de que se encuentre alguna nave acoplada (esto se consigue gracias a los motores del módulo Zvezdá, cuyos tanques de combustible pueden ser rellenados regularmente gracias a las naves Progress).


Una nave Soyuz acoplada a la ISS (NASA). 

En cualquier caso, estas declaraciones de Krasnov no son casuales. Parece que existe un profundo malestar dentro de algunos círculos de Roskosmos por lo que consideran un desaire de los socios estadounidenses a la hora de planificar las futuras misiones con naves comerciales. La NASA, que todavía hoy se queja con relativa frecuencia de la falta de transparencia de sus socios rusos (a veces con razón), ha decidido no contar con Roskosmos en este punto. Además, nos guste o no, Krasnov ha puesto el dedo en la llaga con el tema de la seguridad. Es increíble como la confianza en las compañías privadas alcanza en EEUU unas cotas impresionantes. De hecho, más que confianza, parece que se trate de fe ciega más propia de fanáticos. Resulta curioso observar como algunos animan a que estas empresas se salten ciertas medidas de seguridad mientras que al mismo tiempo exigen innumerables controles a vehículos probados como el shuttle o las Soyuz.

De hecho, hace poco que Elon Musk -el CEO de SpaceX- propuso unificar los dos próximos vuelos de prueba de su cápsula Dragon para agilizar el desarrollo del programa. Sorprendentemente, a muchos le pareció una buena idea. Pero la ISS no es un juguete. En su interior viven seis astronautas cuyas vidas podrían correr peligro por culpa de decisiones precipitadas como ésta. Esperemos que no tenga que ocurrir una tragedia para demostrar lo importante que es la seguridad a la hora de llevar a cabo misiones espaciales.

Ya es hora que empecemos a dejar de lado discursos obsoletos más propios de la Guerra Fría que del siglo XXI. Para bien o para mal, la Rusia moderna no tiene nada que ver con la Unión Soviética. Y tanto Roskosmos como la NASA son plenamente conscientes de que se necesitan mutuamente para mantener la ISS operativa. La ISS es el mayor proyecto espacial internacional de la historia y debemos tener en cuenta que durante la próxima década será muy probablemente el único destino para casi todas las misiones tripuladas. Sin la estrecha colaboración de Rusia y Estados Unidos, el programa se iría a pique inmediatamente. A todos nos interesa que se lleven bien.

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