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Las razones por las que Neil Armstrong no salió corriendo como loco al llegar a la Luna

Condiciones de baja gravedad, pesar una sexta parte que en la Tierra, haber logrado una gesta histórica, pisar por primera vez un cuerpo celeste fuera de nuestro planeta…  no te alejas más de 100 metros del módulo en el que has llegado a la superficie de la Luna.

Han pasado más de 40 años y nos sigue fascinando la llegada del hombre a la Luna en un lejano día de julio de 1969 con una tecnología inferior a la que hoy día lleva a bordo el más modesto utilitario que circula por nuestras carreteras. Uno de tantos hechos curiosos es que en aquel viaje Neil Armstrong y su compañero en el primer paseo lunar del hombre, Buzz Aldrin, no recorrieron demasiada distancia fuera del módulo Eagle, en concreto lo más lejos que estuvieron fue en un cráter cercano por aquello de justificar el no perderse lo más popular del sitio donde se viaja. Ir a la Luna y no visitar un cráter es como ir a la playa y no bañarse en el mar. En aquel caso era el Mar de la Tranquilidad y los astronautas no querían jugar con la intranquilidad de los científicos que habían preparado sus complejos trajes espaciales. ¿Deseas saber más?

Casi 100º, en torno a unos 93º centígrados es la tempertura ambiente que los astronautas podían encontrar en la superficie lunar.

Sus trajes implementaban un (entonces) puntero sistema de refrigeración por circuito cerrado de agua que permitía que nuestra primera exploración lunar terminara con los héroes del Apolo XI volviendo a casa sanos y salvos en lugar de con un par de churrascos humanos en medio de los cráteres lunares.

El sistema era puntero pero experimental y los propios científicos que lo habían desarrollado no tenían muy claro si funcionaría a la perfección durante todo el tiempo necesario pues tampoco se dispuso de todo el tiempo que hubiera sido deseable par someterlos a test, así que aleccionaron bien a los astronautas para que no se alejasen demasiado del módulo lunar por si de pronto empezaban a sentir más calor de la cuenta y no les daba tiempo a llegar al mismo para ponerse a salvo de un hipotético fallo de ese sistema de refrigeración.

Igualmente al no alejarse del módulo permanecían visibles dentro del campo de las cámaras de vídeo de la propia nave y las instaladas en la propia superficie, así Armstrong y Aldrin estaban en todo momento bajo la vigilancia visual del control de la misión. Todo esto y mucho más lo podéis leer en una carta de Neil Armstrong, donde reconoce que en ese viaje no había lugar para la improvisación en las escasas 2 horas y 45 minutos que tenían para su primer paseo lunar.

Gracias a ese primer paseo en el que sirvieron como “ratones de laboratorio” las posteriores expediciones pudieron ampliar su radio de exploración. Termina Armostrong exhortando a que regresemos a la Luna. Lo contrario, dice, es como si las expediciones que descubrieron el Nuevo Mundo se hubieran quedado únicamente en el viaje de Colón porque “para qué volver, si ya hemos estado allí”.─Antonio Rentero [NPR]

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